Dioses


Sucedió entonces y ocurrirá de nuevo…

Hace cientos de años los inmortales habitaban el Olimpo, los humanos las llanuras y los mares, y los conocidos como semidioses, híbridos entre ambos mundos, llenaban de legendarias hazañas la historia de los hombres.

Los Dioses encarnaban las artes, las ciencias, la guerra o cada rincón de la naturaleza. Su poder controlaba los elementos del universo, el espacio y el tiempo, así como a todos los seres vivos del planeta. Mientras los humanos les rendían culto, levantando templos y grandes esculturas con sus imágenes. Sentían devoción y obligación hacia sus sagrados iconos. Cada ciudad, puerto o región rendía tributo a una divinidad, que se convertía en el protector de su pueblo.

En ocasiones los señores del olimpo cortejaban a algún humano del que se hubieran encaprichado, seduciéndoles, transformando su energía en lluvia de plata, unicornios alados, tornados de pétalos, centauros de agua o irresistibles semejantes. Y de alguno de estos romances nacieron semidioses; seres mortales con virtudes especiales, arropados con la mágica protección de su progenitor celestial. Las fabulas y novelas de la antigüedad narraron las epopeyas de estos héroes: Hércules, Atlas o Perseo protagonizaron gloriosos episodios de batallas y aventuras.

Y con el principio del fin de las antiguas civilizaciones desaparecieron sus dioses y leyendas de la vida de los hombres. La religión de convirtió en mitología, las imágenes en arte, las escrituras en literatura y los templos en arqueología, intentando sobrevivir a la erosión de los siglos.

Egipto, Roma, las dinastías orientales o Grecia; cada pueblo construyó sus creencias e iconos a los que adorar y rendir tributo; y el pasó del tiempo se encargó de hacer folklore de la cultura, pasado del presente. Otros símbolos y escrituras sustituyen en la actualidad a las antiguas, tratando de explicar los mismos enigmas sobre la existencia y el destino de los mortales.

El futuro traerá otras filosofías y pensamientos de entender la vida y la muerte, relegando los cultos de hoy a formar parte del recuerdo, convirtiéndolos en meros capítulos de la historia, junto a la civilización que los vivió.
Sucedió entonces y ocurrirá de nuevo…


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