El viaje del héroe I


El mito del Viaje del Héroe es un arquetipo que cobra vida en el mundo interior de aquellos que se aventuran a explorar territorios y ámbitos más allá de los socialmente aceptados y conocidos. El Viaje del Héroe es la aventura de llegar a ser quienes de verdad somos; aventura que inevitablemente nos llevará a dejar atrás mundos conocidos para explorar lo desconocido, transformando nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. Es un mito, una historia escrita en todas las culturas de todos los rincones del planeta desde que el hombre pisó la Tierra. Es un arquetipo que guía nuestros pasos.

El viaje del héroe es la historia común de aquellos que emprenden un viaje en busca de un sentido más trascendente para sus vidas; de aquellos que necesitan y se atreven a ir más allá de los límites; de aquellos que se atreven a saltar al vacío, aquellos que renuncian a mayor bienestar físico por mayor integridad moral y humana; es la historia de aquellos que se atreven a cuestionar su realidad, su entorno y lo percibido como lo normal; aquellos que necesitan compartir con su entorno, con el mundo, algo que descubren en beneficio de todos; aquellos que se atreven a experimentar en si mismos más allá del rango conocido de experiencias humanas, para regresar y ampliar las posibilidades sobre el potencial humano; aquellos que se atreven a pensar y sentir diferente, a sacar una mano, un brazo, un pie y una pierna de la caja que limita su realidad para descubrir nuevas posibilidades vitales; aquellos que son tildados de locos, de raros, de diferentes, de incomprendidos, aquellos que se atreven a manifestar su verdadera naturaleza, aquellos que se atreven a ser ellos mismos. 

En definitiva, aquellos que se atreven a manifestar su verdadera naturaleza divina y brillar como lo hace el sol sin miedo al qué dirán o a incomodar a otros en su mediocridad.



El viaje del héroe comienza con la “tierra baldía” de una vida carente de autenticidad.
Los viejos conceptos, ideales y pautas emocionales ya no encajan; se acerca el momento de traspasar el umbral.

La llamada a la aventura se presenta de muchas maneras a lo largo de los años, tanto sutiles como explícitas.
Es una llamada al servicio, a entregar nuestra vida a algo más grande que nosotros mismos, la llamada a convertirnos en lo que estamos llamados a ser, la llamada a realizar nuestro “designio vital”.

Algunos de los llamados a la aventura eligen ir.
Otros pueden estar luchando durante años con el miedo y la negación antes de poder trascenderlos.

Tendemos a negar nuestro destino por nuestra inseguridad, por nuestro miedo al ostracismo, por nuestra ansiedad y falta de coraje para arriesgar lo que poseemos.
En el fondo sabemos que cooperar con el destino aporta un gran poder personal y responsabilidad.
Si nos implicamos en nuestro destino, nos abrimos al designio del universo, que se expresa a través de nuestro designio personal.
Si nos negamos, continuamos sintiéndonos inquietos.



Después, como surgida de la nada, se presenta la guía: algo o alguien que nos ayuda a traspasar el umbral de la aventura.
Puede tomar la forma de voces dentro de las personas o de personas que nos guían y nos permiten ver el camino.

Cuando decimos sí a la llamada, traspasamos el umbral. Sobre ese momento de decisión, Buber dice: “E incluso esto no es lo que ‘deberíamos hacer’, más bien no podemos hacer otra cosa”.

En ese punto nuestra libertad y el destino se funden. “Aquí estoy. No puedo hacer otra cosa”, dijo Martin Lutero.

Atravesamos las puertas de lo desconocido hacia el vacío, un dominio carente de mapas. Comienza el peligroso viaje y nos encontramos con una serie de pruebas, peripecias y peligros.
Es un lugar de terror y oportunidad.

Si estamos verdaderamente comprometidos a seguir nuestro sueño, hay una fuerza más allá de nosotros y de nuestra voluntad consciente que nos ayuda a lo largo del camino y nutre nuestro crecimiento y transformación.



Unas manos invisibles guían nuestro viaje con una precisión infinitamente mayor de lo que sería posible si sólo interviniera nuestra voluntad consciente.

Campbell dice que es “la fuerza sobre natural” que ayuda a “los elegidos en medio de sus pruebas más penosas”.

A lo largo del viaje nos encontraremos inevitablemente con uno o más de estos retos supremos que ponen a prueba nuestro compromiso con el camino que hemos tomado y nos dan la oportunidad de aprender de los errores.



En los estadios postreros del camino cruzamos un umbral tras otro, soportando la agonía del crecimiento espiritual y rompiendo nuestras limitaciones personales.

Cuando emergemos del encuentro supremo ya no somos la misma persona; “tenemos algo más que ha crecido en nosotros”, dice Buber.
Finalmente, con la misión cumplida, regresamos trayendo el elixir que restaura la sociedad.

Es difícil dejar atrás la bienaventuranza de las últimas etapas del viaje, un estado de aventura suprema, para volver al lugar largo tiempo olvidado del que partimos, donde personas que son fragmentos de sí mismas imaginan ser totales.

Al volver resulta difícil integrar el duro golpe que suponen las preguntas razonables, los resentimientos y la buena gente que no llega a comprender.

Y regresamos únicamente para preparar el viaje siguiente; pero volvemos como seres nuevos y potentes, preparados para ponernos de nuevo al servicio de la comunidad.


 Referencias: Joseph Campbell y el viaje del héroe. 
“El Héroe de las Mil Caras. Psicoanálisis de un Mito“, publicado en el 1949.
Imágenes (a excepción de la última): Susan Seddon Boulet  







Imagina a una mujer

Imagen: Susan Seddon Boulet, Skywatcher


Imagina una mujer que cree que es correcto y bueno que ella sea mujer.

Una mujer que honra su experiencia y cuenta sus historias.
Que no acepta cargar con los pecados de otros en su cuerpo y su vida.
Imagina una mujer que cree que ella es buena.
Una mujer que confía en sí misma y se respeta.
Que escucha sus necesidades y deseos y los abraza con ternura y gracia.

Imagina una mujer que ha reconocido la influencia del pasado en el presente.
Una mujer que ha recorrido su pasado.
Que ha sanado en el presente.

Imagina una mujer autora de su propia vida.
Una mujer que inicia, se esfuerza y se mueve en su propio nombre.
Que no acepta rendirse, excepto a su Ser más verdadero y a su voz más sabia.

Imagina una mujer que nombra a sus propios dioses.
Una mujer que imagina la divinidad a su imagen y semejanza.
Que diseña su propia espiritualidad y permite que ella le informe su vida diaria.

Imagina una mujer enamorada de su propio cuerpo.
Una mujer que cree que su cuerpo es suficiente, tal como es.
Que celebra su cuerpo y sus ritmos y ciclos como un recurso exquisito.

Imagina una mujer que honra el rostro de la Diosa en su propio rostro cambiante.
Una mujer que celebra la acumulación de sus años y su sabiduría.
Que se niega a usar una preciosa energía ocultando los cambios en su cuerpo y en su vida.

Imagina una mujer que valora a las mujeres en su vida.
Una mujer que se sienta en círculos de mujeres.
Que le recuerdan la verdad sobre sí misma cuando ella olvida.

Imagínate a TI misma como esa mujer.

Patricia Lynn Reilly, de Imagine a Woman in Love with Herself


El jardinero fiel



Niégate a caer.

Si no puedes negarte a caer, niégate a permanecer en el suelo,
eleva tu corazón hacia el cielo
y, como un mendigo hambriento, suplica que te lo llenen,
y te lo llenarán.

Puede que te empujen hacia abajo.
Puede que te impidan levantarte.
Pero nadie puede impedirte elevar tu corazón
hacia el cielo...
sólo tú.

Es justo en medio de la desdicha cuando muchas cosas se aclaran.

El que dice que nada bueno se ha conseguido con ello
es que aún no está prestando atención.

Plegaria, del libro El jardinero fiel. Clarissa Pinkola Estés.



"... Estoy segura de que, mientras cuidemos con esmero de esta poderosa fuerza, aquello que parecía muerto ya no lo estará, lo que parecía perdido dejará de estarlo, lo que algunos consideraban imposible será claramente posible y cualquier terreno en barbecho estará simple-mente descansando... descansando y a la espera de que la bendita semilla sea venturosamente llevada por el viento."
Y lo será.

Clarissa Pinkola Estés. El jardinero fiel

Enlace al libro en PDF


Vive mientras puedas



No conocía su condición. La vi desde el primer día, porque estaba en la habitación de enfrente, y en ese lugar las puertas corredizas de mantienen abiertas, o semi cerradas. 
El marido de la mujer era simpático. Se rió de mi en un par de ocasiones. 
Ella no me miraba directamente, ni yo a ella, aunque ambas nos habíamos visto. 
En una de las ocasiones en las que levanté del sillón para ir a hacer algo, la vi del otro lado del pasillo. Estaba en la cama, de costado, con un camisón blanco estampado y me miró. Le sonreí y ella me devolvió una sonrisa.
 
El hombre me contó después cual era su estado... 
Ella me había sonreído. Es lo único que recuerdo ahora. 

¿Tiene la gente derecho a quejarse por pavadas y  preocuparse por estupideces cuando alguien a quien ya no le queda nada, aún puede sonreír? 

No sé. Espero que se tomen un tiempo para sonreír como esa mujer, cuyos minutos ya no podían ser desperdiciados y usó en segundo en mi.

fuente: http://clarisse-darkness.blogspot.com.es/


Dios es negra



Creo que tenía unos veinticinco años cuando vi por primera vez esta pintada, en una vieja pared, de un viejo edificio cuya fachada sigue contemplando el paso del tiempo. Y desde entonces siempre que circulo por allí, la busco hasta que doy con ella, cada vez más difícil de encontrar, por que el tiempo no es amigo de la permanencia.

Siempre me fascinó mi interpretación de la frase y la conexión temporal que me une a la persona que la escribió. No se en qué circunstancias fue escrita ni qué significado quería plasmar su autor, pero siempre supuse que Dios debía ser una mujer por que "a su imagen y semejanza" es la mujer la que "da a luz", la que crea la vida. Y también supuse que debía ser negra por que siempre he pensado que los primeros "hombres" que poblaron este planeta empezaron a "ser" en pleno continente africano, quizás por algo que leyera en aquel entonces.

Pero cuando tomaba toda la atención posible, hace siete años, a las letras escritas por un filólogo inglés llamado Alan Watts, de repente la frase de marras vino a mi como un soplido fulminante, y entendí perfectamente la pintada que me había acompañado trece años de mi vida, resonante en mi cabeza.

Para entonces, la imagen de Dios estaba completamente extinta. Ese señor omnipotente que todo lo conoce, que te mira fulminante si haces algo "malo" o que te espera a tu muerte, había desaparecido de mi mente. Por otro lado, la nueva imagen de Dios, el de la ciencia absoluta, carecía de cierta relevancia para mi y no me ofrecía mucho más que la imagen de un Dios bueno que perdona todo y que está siempre contigo acompañando te en el camino. Nada de esto me resultaba atrayente y había quedado en el olvido y sin embargo la idea del Tao chino empezaba a formarse como algo natural, alejado de la imagen de Dios y totalmente incomparable, sin substancia ni personalidad, y totalmente "oscuro" a mi entendimiento.

Oscuro, negro. La fuerza creadora y preservadora, la fuerza continuadora y sin embargo completamente negra a mi entendimiento y a mi consciencia, concluía en la frase "Dios es negra!". Eureka! Eureka!

Nunca sabré quién escribió la frase. Tampoco en qué sentido lo hizo. Pero como el Tao... ¿Qué importancia tiene?

Fuente: http://elmanuscritozen.blogspot.com.es

La piedra de la paciencia



"En la mitología persa, “Sangue Sabur” (la piedra de la paciencia), es una piedra mágica a la que uno le cuenta sus desgracias, sus sufrimientos, sus miserias, para confiarle todo lo que no nos atrevemos a revelar a los demás. 
La piedra escucha, absorbe como una esponja todas las palabras, todos los secretos, hasta que un buen día explota.
Y ese día, uno queda liberado..."


‘La piedra de la paciencia’ cuenta la historia de una mujer afgana, cuyo marido se queda en estado de coma en plena guerrilla tras haber sido herido en una disputa. Ella se ve envuelta en una difícil y complicada situación a la que se suma la responsabilidad de cuidar de sus dos hijas, de las que a partir de ahora tendrá que hacerse cargo ella sola. Totalmente desesperada por la pérdida de su esposo, y sin ningún apoyo, decide acudir a la ayuda de su tía, una mujer liberada, y la única persona que puede proporcionarle esperanzas.

Con el objetivo de sacar a la joven de su profunda angustia, su tía le cuenta la leyenda de ‘La piedra de la paciencia’, un objeto que escucha todas tus inquietudes y que debe destruirse para deshacerse de todos tus problemas. Tras escuchar esta historia, la protagonista se dirige a su casa decidida a deshacerse de todo aquello que le hace sentirse prisionera e infeliz. En este proceso aparecerá en su vida un joven soldado por el que sentirá una fuerte atracción, lo que acrecentará aún más sus conflictos internos.


Sensual y espeluznante, la vida y la muerte se van cruzando entre sí sin descanso y con furia.  'La piedra de la paciencia' resulta hipnotizadora, una versión moderna de los cuentos de Sherezade y una parábola sobre el sufrimiento de las mujeres afganas.

La luminosa y extraordinaria interpretación principal de Golshifteh Farahani es lo que principalmente distingue a esta ambiciosa adaptación de un best-seller ganador de premios.


Muchas veces las palabras no explican con claridad lo que sentimos, es inútil tratar de explicar aquellas cosas que se encuentran en el fondo del alma, sin el temor de decir la palabra (o saeta) incorrecta... otras veces, tememos el agobiar o hacer de las personas que queremos un saco de descarga para ello, cuando a veces son pequeños periodos que pasan y que la gente que mas queremos sabe que estamos allí para todos los momentos en los que nos necesiten...los persas lo sabían, utilizaban su "sangue sabur" cuya traducción seria "La piedra de la paciencia" era una roca que se cogía entre ambas manos en algún lugar estando solos, lejos de todos y con la roca entre las manos, comenzaban a contarle todas las vivencias, palabras, sufrimientos y pensamientos que nunca se atrevían a decirle a nadie...cuenta la leyenda que la piedra absorbía todo el dolor, el llanto, la pena, la culpabilidad de su dueño y que algún día la piedra estallaría liberando a su portador de esa carga moral y de todo sufrimiento... no sé si a alguien le estallaría la piedra entre las manos o la encontrase hecha polvo al amanecer... lo que si sé, es que al menos, podrían sentirse escuchados.

El poder de las palabras es descomunal, peligroso, casi religioso, como el poder de un "si" o un "no", el poder de cambiar el camino de una persona (o cambiar el nuestro) al dar una respuesta, nos deberia de hacer pensar en escoger con cuidado en los momentos importantes lo que vamos a decir y lograr la conjunción perfecta con lo que sentimos.. no por ello debemos callar, ni dejar de actuar, simplemente ser honestos, sinceros y libres, siempre fieles a nuestro corazón y al instinto que de una manera u otra nos indica lo que nos hace felices. ¿Destino? No lo sé... Cuenta una leyenda japonesa que al regresar de China, Kakúa (Uno de los primeros maestros del budismo Zen) fue llamado por el emperador y le pidió que le contara acerca de toda la sabiduría que había acumulado en China. Kakúa extrajo su shakuhachi (flauta de bambú), y toco una melodía, le hizo una reverencia y se fue. El emperador comprendió lo que quería decir... no siempre se requieren palabras...

A lo largo de la vida el arte ha estado allí, en todas sus manifestaciones dándonos entre su constante fluir por la historia, revelándonos el alma de su creador. Otra antiquísima leyenda persa contada por el poeta Hafiz, dice que Dios hizo una estatua de barro a su semejanza, pero cuando quería insuflar alma a esta estatua, esta no se dejaba atrapar, pues quería ser libre, no quería ser ni limitada ni atada, el alma no quería entrar en el cuerpo, porque le representaba una prisión. Dios pidió a sus ángeles que tocaran música, cuando lo hicieron, el alma se sintió extasiada y quería vivir la música directamente, y entró al cuerpo.

Por ello tal vez, (por la naturaleza libre del alma y según los persas, la tragedia que es para el hombre la presencia de ese deseo de libertad), hombres y mujeres a través de la historia vivimos esa necesidad de hablar, de escribir, de cantar, de pintar, de ejercitarnos, de amar, de viajar, de descansar de la rutina, haciendo algo que nos de estar a solas con nosotros mismos escuchándonos, comprendiendonos... para poder salir y dar lo mejor de nosotros a los que queremos con el corazón limpio y convivir con el mundo en paz, reflexionando en acción y reacción manifestándonos en palabras y actos acordes al alma, la conciencia y el amor.

Demos una oportunidad aunque sea minúscula al espíritu... de ser libre.


One moment in time




Un momento en el tiempo.

Bajo el pretexto de la locura y con un par de copas de más mezcladas con alguna sustancia alucinógena que cegaba su capacidad de reflexión, decidió pasear sus largas piernas por las lujosas baldosas de la habitación del Beverly Hilton. Su imaginación trastocaba una realidad errónea a la proyectada en su retina, la cual trabajaba al cien por cien intentando recuperar el glamour que antaño conservaba sobre los escenarios de medio mundo. 

Dio un largo trago a la botella de whisky cortesía del gerente del hotel y entró al baño susurrando un “I’ll always love you”.





La espera


La espera nos da una forma. 
Una silueta. Una cadencia al caminar. 
Un sonido de pasos que se acercan. 
Un timbre de voz. Una apuesta. 
La espera nos da un motivo. 
Un desafío. Una ofrenda. 
Un querer llegar y un temor a cuestas. 
Un reconocernos, en ello, parecidos. 
La espera nos da una intriga. 
Un dulce abismo. Y un deseo de avanzar. 
Y la magia de alcanzar. Y el temor de haber caído. 
Un tuyo. Y un mío. Y un nuestro, por comenzar. 
La espera nos da un sentido. 
Andando en una dirección. Sin presión y con guía. 
Entrega sostenida y suave melodía para una canción. 
La espera nos hace y nos dibuja. 
Y vamos adivinando el color. 
Somos estelas cruzando cielo. 
Somos vuelo. Y somos sol.

“La espera” 
Autor: Marcela Peralta