Hey Jude

 

Parece que "Hey Jude", canción compuesta por Paul McCartney, y una de las más grandes canciones de la historia, en principio no se iba a llamar asi sino "Hey Jules". La canción se compuso para dar consuelo al pequeño Julian, de seis años, hijo de John Lennon con su primera esposa Cynthia Powell, de la que se estaba divorciando para dar formalidad a su relación con Yoko Ono.

Cynthia siempre fue una esposa en la sombra, escondida, secreta, pues se pensaba que no convenía que los fans conocieran su existencia y que uno de los Beatles con más gancho, Lennon, ya estaba casado y además tenía un hijo (Cynthia estaba embarazada cuando se casaron). Así, Cynthia no aparecía en ningún sitio, a pesar de que el matrimonio duró la etapa más gloriosa del grupo, desde 1962 a 1968. Brian Epstein el manager del grupo lo decidió así. A Lennon el éxito le golpeo fuerte, las tentaciones de las groupies que los seguían enloquecidas, los viajes…. El caso es que veía poco a su esposa e hijo que pasaban largo tiempo en un piso de Liverpool, sin contacto con el grupo. Cuando llegó Yoko Ono, todo lo que antes había sido secreto ahora era aireado con total libertad. Las dos caras de una misma moneda.

Bueno, volviendo a la canción, el caso es que McCartney fue un día a visitar a Cynthia para darle apoyo y en el camino, en el coche, compuso la canción "Hey Jules". De la canción decia el propio McCartney:

"Empece con la idea de Hey Jules, que era Julian "And anytime you feel the pain, hey Jules, refrain, don't carry the world upon your shoulders" (y cada vez que te sientas dolido, Jules, contente y no cargues el mundo entero sobre tus hombros). Sabía que no iba a ser fácil para él. Siempre siento penas por los niños en un divorcio. Después cambié el nombre de la canción porque pensé que sonaba mejor".

Julian, que hoy día también se dedica a la música, tuvo que esperar veinte años para saber que aquella famosa canción estaba dedicada a su persona. De McCartney decia: «Paul y yo solíamos estar juntos mucho más tiempo del que estábamos mi padre y yo juntos. Teníamos una gran amistad y parece que hay más fotos de Paul jugando conmigo que las que tengo con mi padre». En la foto que encabeza el escrito vemos a McCartney con el pequeño Julian en brazos, y parece que Lennon en un segundo plano.

Para otros la canción era una letra que McCartney se dedicaba a sí mismo, motivada por los problemas que estaba teniendo con una novia en aquella epoca, Jane Ascher, y asi lo cuenta Lennon, aunque éste en algún momento pensó que iba dedicada a él y su relación con Yoko Ono y asi decia:
"Pero siempre la oí como una canción dedicada a mí. Si piensas al respecto... Yoko entra en la imagen. Él dice: 'Hey, Jude—Hey, John.' Sé que estoy sonando como uno de esos fanáticos que se involucran demasiado con algo, pero puedes escucharla como una canción para mí... Inconscientemente, él dijo 'Sigue adelante, déjame'. En un nivel consciente, él no quería que siguiera adelante". Así, cuando Lennon le dijo a McCarney que la canción trataba sobre él, McCartney lo negó, y le dijo a Lennon que había escrito la canción acerca de sí mismo, lo que abonaria la idea del automensaje por los problemas con Jane Ascher.

En cualquier caso la idea de que va dedicada a Julian Lennon es la más aceptada y referida por todos, e incluso refrendada por McCartney como leíamos en sus propias palabras más arriba.

Otra curiosidad de la canción es que en el minuto 3 aproximadamente de la grabación original, a McCartney se le escapo un taco, algo del tipo "maldita sea", que se decidio dejar en la grabación a sugerencia de Lennon:

«'Paul golpeó un sonido en el piano y dijo una palabra malsonante, pero yo insistí en dejarla, enterrándola lo suficientemente bajo como para que no pudiera ser escuchada. La mayoría de la gente no se dará cuenta, pero nosotros sabremos que está ahí». Las cosas….

Más abajo teneis un video con la canción y sus subtitulos para sacarle toda la miga a la letra.


El emperador chino

 

"Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. El único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver. Transcurrió un año de increíble prosperidad para el imperio. Hasta que, por fin, Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto pelado, del difunto emperador. ¿Veis? -dijo - Durante un año un muerto se sentó en el trono. Y quien realmente gobernó fui yo. Merezco ser el emperador.

El pueblo, complacido, lo sentó en el trono y luego lo mató, para que fuese tan perfecto como su predecesor y la prosperidad del imperio continuase."

Marco Denevi.

Amor 77

 
"Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son."

Julio Cortazar.

El muro, Peter Fechter y Nino Bravo


 

Hoy por casualidad me enteré del verdadero mensaje de la canción "Libre" de Nino Bravo y el caso es que aun siendo antes muy apreciada por mí, ahora es imposible que no me guste más. Si no conoces la historia y sigues leyendo tampoco será la misma canción para ti cuando termines.

La canción "Libre" está inspirada en la historia de Peter Fechter, un jovencito obrero de la contrucción de poco más de 18 años, "casi veinte", que fue el primer alemán que intentó saltar en 1962 el recién estrenado muro de Berlin. El 17 de agosto de 1962 llegó al muro acompañado de un amigo, Helmut Kubelik (que por suerte si llegó rebasarlo). Lograron esconderse en una carpintería cerca del muro; esperando a que los soldados se alejarán para caminar sigilosamente (“camino sin cesar, detrás de la verdad y sabré lo que es al fin la libertad”) hasta la alambrada, “pensando que sólo es un trozo de metal” y saltar por una ventana hacia el corredor de la muerte (una franja de tierra entre el muro principal y un muro paralelo que recientemente se había empezado a construir) y correr por el mismo hasta una pared cercana a Checkpoint Charlie, el único punto de cruce para los extranjeros y los miembros de las fuerzas aliadas. Una puerta de ida a la Libertad o al infierno. Peter, una vez que "extendió sus alas" y se encaramó al mismo, recibió el alto de los soldados soviéticos, pero como dice la canción "marchaba tan feliz que no escuchó la voz que le llamó" y de esta manera, al no ser atendido el alto, dispararon sobre el joven que fue alcanzado por varios disparos y cayó del muro en lo que se denominaba "zona de nadie". 

Allí quedó tendido a la vista de todos, ciudadanos, periodistas y militares, pidiendo auxilio mientras se desangraba a borbotones, sin poder moverse por la seriedad de las heridas, y sin nadie que se atreviera a recogerlo. Los occidentales tenían miedo de recibir disparos en aquella nueva situación y tan solo se atrevieron a lanzarle un botiquín, que de nada sirvió a un Peter Fechter casi moribundo y a cada minuto con menos vida. Los rusos a los que pertenecía la zona muerta aguardaron unos interminables 50 minutos de agonía del joven hasta que procedieron a recogerlo, momento que queda recogido en la foto que acompaña el texto. 
 
El pueblo berlinés que presenciaba la escena gritaba a ambos bandos que remediaran la muerte de aquel jovencito, pero nadie hizo nada, incluso las fuerzas occidentales impidieron que ningún civil acudiera a ayudarlo. Al final, en el lugar del suceso solo quedaron flores que fueron lanzadas por los indignados berlineses. 
 
No sería el último en morir en el muro, aun vendrían 260 más. El último fallecido de esta larga lista fue Chris Gueffroy, en 1989, que curiosamente tenía tambien veinte años.
Chris Gueffroy 1968-1989
 Hoy en día hay un monumento en el lugar en el que cayó Peter y también hay una canción cuya letra viene bien releer desde esta nueva óptica. Nino Bravo la escribió tras la impresión que le provocaron las imágenes que del suceso salieron en la prensa mundial y accesibles desde el buscador de google.

Peter Fechter 1944-1962
Tiene casi veinte años y ya está
cansado de soñar;
pero tras la frontera está su hogar,
su mundo y su ciudad.
Piensa que la alambrada sólo
es un trozo de metal
algo que nunca puede detener
sus ansias de volar.

Libre,
como el sol cuando amanece yo soy libre,
como el mar.
Libre,
como el ave que escapó de su prisión
y puede al fin volar.
Libre,
como el viento que recoge mi lamento y mi pesar,
camino sin cesar,
detrás de la verdad,
y sabré lo que es al fin la libertad.

Con su amor por bandera se marchó
cantando una canción;
marchaba tan feliz que no escuchó
la voz que le llamó
y tendido en el suelo se quedó,
sonriendo y sin hablar;
sobre su pecho, flores carmesí
brotaban sin cesar.

 

  Y ahora que la cante Nino Bravo que es el que sabe darle toda su dimensión.




Fabula del colibrí



"Aquel día hubo un gran incendio en la selva. Todos los animales huían despavoridos. En mitad de la confusión, un pequeño colibrí empezó a volar en dirección contraria a todos los demás.
Los leones, las jirafas, los elefantes... todos mira
ban al colibrí asombrados, pensando qué demonios hacía yendo hacia el fuego. Hasta que uno de los animales, por fin, le preguntó:
-"¿Dónde vas? ¿Estás loco? Tenemos que huir del fuego".
El colibrí le contestó:
-"En medio de la selva hay un lago, recojo un poco de agua con mi pico y ayudo a apagar el incendio".
Asombrado, el otro animal sólo pudo decirle:
-"Estás loco, no va a servir para nada. Tú solo no podrás apagarlo".
Y el colibrí, seguro de sí mismo, respondió:
-"Es posible, pero yo cumplo con mi parte.""


Leon Felipe


Echa a andar otra vez este barco varado,
marinero.
Tú tienes una estrella en el bolsillo...
una estrella de paladio, de fósforo y de imán.

León Felipe

La vida



El mismo río de vida que circula por mis venas noche y día, circula por las venas del mundo y canta, en lo hondo, con pulso musical.
Y es una vida idéntica a la mía la que a través del polvo de la tierra alza su verde alegría en innúmeras briznas de hierba, y estalla en olas tiernas y furiosas de hojas y flores. 
Y la misma vida, hecha flujo y reflujo, mece al océano, cuna del nacimiento y de la muerte. Mis sentidos se exaltan al tocar esta vida universal.
Y siento la embriaguez de que sea en mi sangre donde en este momento palpita y danza el latido de la vida que huye a través del tiempo.

Rabindranath Tagore, La vida.
Imagen: Gregory Colbert.

El silencio de las sirenas



Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba: 

Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente. 

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas. 
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción. 

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas. 

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises. 

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó. 

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

Franz Kafka. El silencio de las sirenas
Imagen: John William Waterhouse